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¿Cuál es el antídoto contra la toxicidad de los metales pesados?

La vida moderna nos expone continuamente a sustancias químicas nocivas para la salud. Estas proceden de la contaminación ambiental de la industria, los vehículos, los productos de limpieza o de higiene personal, la cosmética, los materiales de construcción o de los plásticos.



Según la OMS estas son las 10 sustancias químicas que constituyen una preocupación para la salud pública:

  1. Amianto: en todos sus tipos, ya que causan mesotelioma, cáncer de pulmón, de laringe y de ovario y asbestosis (fibrosis de los pulmones).

  2. Arsénico: el inorgánico soluble es extremadamente tóxico. Su ingesta durante un período prolongado puede conducir a una intoxicación crónica (arsenicosis).

  3. Benceno: la exposición humana a esta sustancia se ha asociado con una variedad de enfermedades y efectos en la salud agudos y a largo plazo, como cáncer y anemia aplásica.

  4. Cadmio: tiene efectos tóxicos en los riñones y en los sistemas óseo y respiratorio. Además, está clasificado como carcinógeno para los seres humanos.

  5. Dioxinas y sustancias similares: ejemplos son los policlorobifenilos (PCB), que son contaminantes orgánicos persistentes (COP), de acuerdo con el Convenio de Estocolmo.

  6. Exceso o cantidad inadecuada de flúor: la incorporación de esta sustancia al cuerpo tiene efectos beneficiosos, como la reducción de la incidencia de caries dentales y negativos, ya que provoca fluorosis del esmalte y los huesos después de una exposición prolongada.

  7. Mercurio: es tóxico para la salud humana, y constituye una amenaza especialmente para el desarrollo del bebé en el útero y en los primeros años de vida.

  8. Plaguicidas altamente peligrosos: pueden causar efectos tóxicos agudos o crónicos, y plantean riesgos específicos para los niños.

  9. Plomo: es un metal tóxico y su uso extendido ha causado una extensa contaminación ambiental y problemas de salud en muchas partes del mundo.

  10. Contaminación del aire: se estima que la contaminación del aire interior proveniente del uso de combustibles sólidos y la del aire exterior en zonas urbanas es responsable de 3,1 millones de muertes prematuras en todo el mundo cada año.

Estas sustancias entran en nuestro organismo a través del aire que respiramos, el agua o los alimentos que comemos. La dieta puede ser una fuente de exposición a toxinas, especialmente a través de la contaminación por dioxinas, pesticidas, metales pesados (plomo, cadmio, arsénico, níquel, aluminio y mercurio), etc. La presencia de metales pesados en alimentos constituye un tema de actualidad, ya que tienden a acumularse en el cerebro, los riñones y el sistema inmunológico, alterando gravemente su funcionamiento normal.

La intoxicación por metales pesados es un gran problema en la sociedad moderna. Se sabe que estos causan daños a través de efectos oxidativos indirectos, generando un exceso de radicales libres que dañan las macromoléculas (lípidos, proteínas, hidratos de carbono y ácidos nucleicos) y alteran los procesos celulares (funcionalidad de las membranas, producción de enzimas, respiración celular, etc.).

La mayoría de los metales pesados que se encuentra en el organismo es resultado de la contaminación ambiental producida por la industria y los coches. Éstos se inhalan o ingieren tras depositarse en las cosechas de alimentos, en el agua potable o en la tierra, contaminando el suelo y se acumulan en las plantas y los tejidos orgánicos.


Además de la procedencia industrial, las fuentes más comunes de estos metales incluyen el plomo de los pulverizadores de pesticidas, de los utensilios de cocina, de las cañerías antiguas y de las soldaduras de las latas de hojalata; el cadmio y el plomo del humo de los cigarrillos; el mercurio de los empastes dentales de amalgama, del pescado contaminado y de los cosméticos no naturales y el aluminio de los antiácidos y los utensilios de cocina.



La capacidad individual que poseamos para detoxificarnos de todas estas sustancias a las que estamos expuestos será un importante condicionante de la salud global que tengamos. Si los mecanismos naturales de depuración están debilitados o la exposición a estos tóxicos es muy alta, se almacenan en el organismo produciendo un gran estrés oxidativo y siendo una de las primeras causas de las enfermedades actuales. Ayudar a la depuración de nuestro organismo con complementos naturales, como nuestro EFCAN, es un gran recurso para nuestra salud.

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